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El chato y la tapa

  • 31 oct 2022
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 23 jul

🍷Historia de una costumbre muy nuestra

Pedir un chato y una tapa es casi un acto reflejo en buena parte de España. Aunque la costumbre se vive de forma distinta en cada región, hay algo universal en ese gesto sencillo: compartir, saborear, socializar. Pero ¿de dónde viene esta tradición tan enraizada? ¿Cuál es la historia detrás del "chato" y de esa pequeña porción de comida que lo acompaña?


Bocata de calamares
Montado de calamares con pan de tinta y chato de vino ( La casa del Abuelo, local centenario)

🍞 Una tapa para tapar

Existen varias teorías sobre el origen de la tapa. Una de las más populares afirma que en las tabernas andaluzas se solía cubrir la copa de vino con una rebanada de pan, jamón o queso para evitar que entraran polvo o insectos. Esa "tapa", literal, fue ganando protagonismo hasta convertirse en lo que hoy es un símbolo gastronómico.

Otra versión nos traslada al reinado de los Reyes Católicos: debido al número de accidentes provocados por el consumo de alcohol sin comida, se decretó que todas las bebidas debían servirse acompañadas de algo sólido, aunque fuera una pequeña porción fría. Lo que nació como una norma sanitaria acabó por convertirse en una seña de identidad.


🧀 Tapa, pincho… ¿y chato?

Según la zona, la tapa cambia de nombre, tamaño y acompañamiento. El pincho (o pintxo, en euskera), habitual en el norte, suele ser más elaborado y siempre tiene precio. En cambio, en muchas ciudades y pueblos de Castilla, Andalucía o Extremadura, la tapa es gratuita, aunque esta costumbre se va perdiendo en algunos lugares.

Y junto a la tapa, el chato: ese vasito pequeño, de cristal grueso y sin tallo, tan característico en bares castizos. El nombre podría derivar de cíato (del griego kyathos), una especie de cucharón usado en banquetes griegos para servir vino. O quizás simplemente haga referencia a su forma chata, baja, sencilla.

En locales como La Casa del Abuelo (Madrid), uno de los establecimientos centenarios que aún conserva la esencia del tapeo tradicional, todavía puede pedirse un “montado de calamares con pan de tinta y un chato de vino”. Pura historia servida en barra.


🤝 Tapear: una forma de vivir

Más allá de su origen, la tapa es mucho más que gastronomía: es una forma de encontrarse, de compartir momentos, de alargar una conversación. Es cultura viva. Y, aunque los tiempos cambien y los bares se reinventen, el espíritu del tapeo sigue latiendo con fuerza en cada plaza, cada taberna, cada callejuela llena de risas y aromas.

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