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La Enramá de Pinofranqueado

  • 1 sept 2025
  • 10 Min. de lectura

Una tradición centenaria destinada a garantizar la descendencia de esta población de Cáceres


A finales del mes de agosto el municipio cacereño de Pinofranqueado celebra “La Enramá”. Esta fiesta de Interés Turístico Regional mantiene vivo un ritual que fue creado con el objetivo de garantizar una descendencia sana entre las personas que habitaban en la zona suroeste de la comarca de Las Hurdes.


Jota del Arco en la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Jota del Arco en la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Hoy en día “La Enramá” actúa como expresión cultural del pasado de esta comarca extremeña creando emparejamientos simbólicos. Todo se desarrolla en un ambiente festivo que fusiona folclore y tradición. Además, esta festividad mantiene su esencia a la vez que incorpora pequeñas modificaciones que le permiten adaptarse al momento actual.


Un rito regenerativo que solucionó un problema poblacional


El origen de “La Enramá” no se conoce con exactitud debido a la escasez de documentos escritos, aunque se sabe que se celebra desde hace 150 años. A mediados del siglo XIX poblaciones hurdanas como Pinofranqueado querían evitar la formación matrimonios entre parientes y de esta forma surgió “La Enramá”. 

A través de este rito se buscaba el contacto con localidades cercanas y la formación de emparejamientos que trajeran una descendencia sana y fuerte. Todo esto garantizaba el desarrollo y la supervivencia de la población.


La fiesta de “La Enramá” comenzaba 3 o 4 días antes de la fecha en la que se conmemora la figura de San Bartolomé, alrededor del 24 de agosto. El inicio del ritual consistía en un sorteo que tenía lugar en la casa del cura, situada en el torreón de la plaza de Pinofranqueado. Dos o tres mozos que eran los llamados “cantaoles” subían a la parte más alta y al son del tamboril comenzaba todo el proceso.

El resto de mozos procedentes de Pinofranqueado y de las localidades cercanas se congregaba en la plaza mirando hacia el torreón y con la tensión de no saber que les depararía la suerte. Los “cantaoles” que estaban arriba tenían dos bolsas en sus manos, una guardaba los nombres de las mozas y otra los de los mozos.

De repente y mientras bebían de una bota de vino gritaban las siguientes palabras “Con quién digo, con quién diré, la burra cana y el tío Andrés”. A continuación, sacaban de una bolsa el nombre de la moza que era anunciado y de la otra bolsa el nombre del mozo que también era mencionado. Seguidamente, se preguntaba a viva voz “¿Va bien?” y la multitud de abajo respondía “bien va” y al unísono se decía “Y si no…” dejando una afirmación abierta que indicaba que las dos personas que habían sido juntadas por el azar tenían que intentar ese noviazgo.


Al día siguiente se publicaba el resultado del sorteo en carteles o tablillas. Cuando los miembros de la pareja que había formado la suerte se conocían, el noviazgo se intentaba con normalidad, pero si ambas partes no se conocían previamente, el mozo debía ir a la casa de la mujer y pedir permiso a su familia para cortejarla hasta la el día de la “Enramá”.


El gran día de “La Enramá”

Tras el sorteo y el breve tiempo de cortejo llegaba el día de San Bartolomé. Los mozos vestidos con americana se reunían en la plaza de Pinofranqueado y mientras sonaba el tamboril marchaban en busca de sus parejas.


La marcha de hombres se detenía en la casa de una mujer, el mozo que el azar había asignado como su pareja en el sorteo entraba en la vivienda y la mujer cosía en su americana la “Enramá”, un ramillete de flores que adquiría todo el protagonismo. Seguidamente los suegros invitaban al mozo a perrunillas y aguardiente y esa pareja salía de la vivienda de la mano y entre aplausos.


Tamboril y mozos esperando la salida de las parejas en la actualidad. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Tamboril y mozos esperando la salida de las parejas en la actualidad. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Este proceso se repetía casa por casa hasta que todos los mozos aparecían con sus parejas. A continuación, los emparejados marchaban de nuevo hacia la plaza y allí bailaban la “jota del arco”, una danza en la que cada pareja se coloca frente a frente y entrelazan sus brazos creando un arco por el que iban pasando todas las parejas hasta dar una vuelta entera a la iglesia.

El baile ponía fin al día de la “Enramá”. Tras esta festividad la pareja intentaba el noviazgo, pero si esa relación no prosperaba, la unión podía romperse libremente y el matrimonio posterior no era obligatorio.


El distintivo simbólico de “La Enramá”

El nombre de esta festividad procede del distintivo que las mozas colocaban en la solapa de la americana de los mozos que eran sus potenciales parejas. Ese distintivo natural es “La Enramá”, un ramillete formado por flores silvestres y criadas en jardín.


Enramá que se coloca a los mozos. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Enramá que se coloca a los mozos. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Este ramillete debía ser lo más colorido posible y estaba formado por especies como la esparraguera, el geranio o la perpetua. En muchos casos la base de la “Enramá” era un junco de río que se pelaba y al que se adosaban tallos naturales y flores coloridas. Además, era frecuente intentar que la “Enramá” fuera grande y visible. Incluso era habitual que las mozas escogieran y cuidaran esas flores durante el año con el objetivo de tenerlas preparadas para el gran día de Pinofranqueado.


Tradición y minimalismo en La Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Tradición y minimalismo en La Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Un ritual que permanece abriéndose al momento actual

El avance de los tiempos ha provocado cambios sustanciales en la sociedad hurdana y en las nuevas generaciones, aun así, “La Enramá” pervive y se ha amoldado a una población que superó los problemas de endogamia de hace dos siglos.


En el siglo XIX la comarca de Las Hurdes era una tierra misteriosa, rica en cultura y con un desarrollo que se adaptaba a las condiciones climáticas y geográficas. Además, la ubicación de los pequeños municipios, llamados alquerías en esta comarca, dificultaba el contacto con el exterior. Hoy en día todo esto ha cambiado y tradiciones como “La Enramá” han sabido adaptarse al contexto actual sobreviviendo al paso de las generaciones.


En pleno siglo XXI “La Enramá” mantiene su esencia con la celebración del sorteo en la plaza de Pinofranqueado 3 o 4 días antes de la conmemoración de San Bartolomé. Los “cantaoles” siguen gritando a viva voz y al son del tamboril y también se escuchan las antiguas afirmaciones de “Con quién digo, con quién diré, la burra cana y el tío Andrés”, aunque con la diferencia de que el sorteo se va realizando por las calles de la localidad y no solo en la plaza. Un día después se publican los nombres de las nuevas parejas.


Antiguamente las mujeres no estaban presentes en el sorteo y hoy en día esa tradición se mantiene intacta. Cuando los mozos ven que las mujeres se acercan a los lugares de celebración del sorteo les lanzan agua de forma amistosa. A pesar de todo es difícil mantener el secretismo de antaño, ya que es frecuente que el resultado del sorteo circule entre los grupos de WhatsApp antes de que se oficialice su publicación.


Parejas actuales camino de la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Parejas actuales camino de la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Otro aspecto diferente es que anteriormente no se tenía en cuenta el factor de la edad al sortear los emparejamientos. En estos momentos el sorteo queda dividido en intervalos de 4 años, de esta forma se tiene la garantía de que los miembros de las parejas tendrán edades cercanas.

El día de “La Enramá” también ha sufrido algunas modificaciones. La jornada comienza muy temprano, alrededor de las 07:00 horas de la mañana. En ese momento la Asociación de Mujeres prepara chocolate, migas y “matajambres” con miel. Este último es un dulce típico de la zona que se forma con harina y leche. Después se fríe y al tomarlo se acompaña con miel.

También hay grupos folclóricos que amenizan el día y alrededor de las 11:00 horas comienza el taller de “Enramá” en el que residentes y visitantes aprenden a crear este ramillete. Actualmente la “Enramá” suele ser más pequeña y con diseños más minimalistas, esto se debe a que no todos los mozos portan una americana a causa del calor y un ramillete de gran tamaño no se sustenta sobre una camiseta o camisa.


Residentes y visitantes participan en el taller de la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Residentes y visitantes participan en el taller de la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Posteriormente a las 18:30 tiene lugar la “Enramá infantil” en la que los más pequeños hacen una representación de la “Jota del Arco”. El objetivo de esta actividad es transmitir la festividad a las nuevas generaciones, reforzar la identidad y lograr que este rito no se pierda en el tiempo.


Enramá infantil Jota del Arco. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Enramá infantil Jota del Arco. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Una hora después y al son del tamboril los mozos se desplazan casa por casa buscando a sus parejas. Si se da el caso de que varias chicas viven excesivamente lejos se reúnen en las viviendas más cercanas, de esta forma en un mismo hogar puede haber hasta 7 mujeres con sus familiares. Allí colocan la “Enramá” a los mozos que son invitados a comida típica y bebida.


Pareja colocándose la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Pareja colocándose la Enramá. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Una vez que se han reunido todas las parejas, acuden a la plaza de Pinofranqueado. Allí al igual que hace más de un siglo bailan la “Jota del Arco” hasta que todos los novios simbólicos han dado la vuelta a la plaza. Al finalizar reciben una gran ovación y el ayuntamiento del municipio les invita a una sidra.


Pareja pasando bajo la Jota del Arco. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Pareja pasando bajo la Jota del Arco. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Una festividad abierta e integradora que conserva en folclore

La gran mayoría de los emparejamientos actuales de “La Enramá” tienen un carácter simbólico. Todo esto ayuda a conservar esta Fiesta de Interés Turístico Regional que aspira a obtener la distinción de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

En las últimas ediciones se han formado entre 60 y 100 parejas que han bailado la “Jota del Arco” en la plaza de Pinofranqueado. Además, hoy en día los asistentes y visitantes pueden llevar “La Enramá” adosada a su ropa, aunque no participen directamente en la festividad. Este tipo de medidas fomentan la integración y llenan de colorido uno de los grandes días de la comarca de Las Hurdes.


Una fiesta integradora adaptada a los nuevos tiempos. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Una fiesta integradora adaptada a los nuevos tiempos. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

La administración local también se ha volcado en la conservación y en la difusión de esta fiesta a través de campañas como “renovando tradición con juventud y pasión”. Esta iniciativa se promueve a través de las redes sociales y se basa en proponer a las nuevas generaciones añadir elementos del folclore tradicional a su indumentaria. A los hombres más jóvenes se les sugiere colocar el fajín rojo de los trajes regionales en cualquier parte de su vestimenta y a las mujeres el pañuelo tradicional. Hace muchos años que “La Enramá” es una fiesta abierta a todas las personas.


Mujeres actuales con el pañuelo tradicional. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado
Mujeres actuales con el pañuelo tradicional. Imagen cedida por el Ayuntamiento de Pinofranqueado

Las otras “Enramás” de Extremadura

En las provincias de Cáceres y Badajoz sobresalen municipios que celebran ritos muy similares a la “Enramá” de Pinofranqueado, algunos incluso tienen el mismo nombre. El objetivo final también era la formación de matrimonios que aseguraran un desarrollo y una descendencia sana. De ahí que hayan surgido festividades que todavía hoy se conservan.


En Cedillo (Cáceres) se celebra el “Jueves de Compadres”, un ritual que procede del contacto que tuvo esta población cacereña con los municipios portugueses que se encuentran en la zona norte del Tajo y en el Alentejo. La celebración tiene lugar dos meses antes del Domingo de Resurrección.

Esta festividad surge en el siglo XIX cuando este municipio fronterizo fue fundado por moradores portugueses. El Jueves de Compadre se basaba en realizar un sorteo entre los solteros de la localidad para fomentar la formación de matrimonios y así garantizar la estabilidad, el desarrollo y la descendencia de la comunidad. Las parejas que escogía el azar tenían que participar en el baile y eran considerados como “compadres” durante todo el año. Si se daba el caso de que la relación no prosperaba, podía romperse libremente.


A diferencia de lo que ocurre en la “Enramá” de Pinofranqueado, solo las personas que están empadronadas en Cedillo pueden formar parte del sorteo. Hoy en día el “Jueves de Compadre” es un rito en el que participan de forma simbólica los habitantes del municipio con el objetivo de conservar esta tradición, fomentar la hermandad y reforzar los valores identitarios. 

El Martes de Carnaval de Herrera de Alcántara está marcado por “La Mascarrá”. En esta festividad los mozos solteros quemaban corchos para tiznar la cara de las jóvenes que pretendían cuando iban con sus cántaros a buscar el agua de las fuentes.


Actualmente los jóvenes tiznan la cara de todos los visitantes que ese día transitan por la localidad. Además, realizan el juego del “ji ji” en el que los mozos se colocan en círculo lanzando cántaros de barro al suelo que terminan rompiéndose. Este último ritual actúa como recuerdo de la importancia que tuvo “La Mascarrá” en el pasado de este municipio ubicado en la provincia de Cáceres.


La Semana Santa de Orellana la Vieja ( Semana Santa extremeña), no pasa desapercibida debido a un ritual que se celebra el Domingo de Resurrección y que también recibe el nombre de “La Enramá”. Todo se desarrolla siguiendo una tradición en la que los mozos de la localidad acuden a los campos cercanos a recoger flores herbarias. Posteriormente, en la madrugada del Domingo de Resurrección, trenzan lianas en las ventanas más altas de las casas y cubren el suelo de las calles con esas mismas flores creando un recorrido silvestre. 

Esta madrugada es conocida como la Noche de los Jaramagos. Al día siguiente y tras degustar unas migas, los mozos adornan con un cuidado exquisito las casas de las mozas que desean enamorar. Aunque hoy en día las mujeres también pueden decorar con lianas las ventanas de los hombres que pretenden. Cuando el pretendiente es rechazado, decora la fachada de la casa de la parte pretendida con cardos y yerbajos mostrando su desacuerdo con la decisión.


La “Enramá” de Orellana la Vieja es una de las fiestas más características de la provincia de Badajoz y lo mismo ocurre con “Las Enramás” de Tamurejo, un municipio que también se encuentra en esta provincia extremeña. Esta festividad se celebra el día 2 de mayo y procede de una antigua costumbre ancestral. Durante la noche los mozos agasajan a sus pretendidas colocando una rama de árbol en flor en sus ventanas. Al día siguiente las mozas corresponden a sus “mayos” invitándoles a licores y natillas en el Día de la Cruz.

Otra tradición que busca el mismo objetivo transcurre en el municipio cacereño de Almoharín donde se celebra el “Día de la Maza” en honor a San Antonio. En esta jornada que se desarrolla el sábado más cercano al mismo día de San Antonio, se pide al santo que no falte el pan a ninguna familia y se celebra una misa en su honor. Seguidamente tiene lugar una procesión en la que San Antonio únicamente puede ser portado por los solteros y las solteras a los que la providencia divina les recompensará encontrando pareja.


Finalmente, la localidad de Hernán-Pérez en Cáceres lucha por mantener su “Enramá” que se celebra en la noche de San Juan. En este caso se lleva a cabo un rito muy similar al de Pinofranqueado con la diferencia de que el sorteo se realizaba bajo un álamo que en su momento se encontraba en la plaza del municipio. Incluso se gritaban las mismas consignas de “va bien” y “bien va”. Posteriormente el mozo tenía que acudir a la casa de la chica que le había designado el sorteo en el día de San Juan y ella le cosía un ramo en la chaqueta. Si la relación no prosperaba ese noviazgo también podía romperse libremente.



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