HÉROES DE FUERZAS DESCOMUNALES
- 8 ene
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RELATOS POPULARES DE EXTREMADURA
La Edad Media fue una etapa en la que proliferaron los relatos que hacían referencia a caballeros que poseían una fuerza descomunal. Esos hombres eran considerados héroes de leyenda y muchos de ellos existieron realmente. Normalmente, esos caballeros destacaban en el combate y ocupaban altos mandos en el ejército. Sus hazañas y facultades se exageraban hasta tal punto que daban lugar a la creación de historias épicas que han llegado hasta nuestros días.
En el pasado medieval de Trujillo también aparecen este tipo de relatos. El más conocido es el que narra las hazañas de Diego García de Paredes, más conocido como el Sansón de Extremadura. Nació en Trujillo en el año 1468 y llegó a ser el soldado español más famoso y admirado en la época.
Combatió como capitán de infantería en las guerras de Italia, Navarra y del norte de África. Fue capitán de la guardia personal del Papa Alejandro VI, estuvo al servicio del Duque de Urbino y fue coronel de infantería de los Reyes Católicos. También tuvo un papel muy destacado en la conquista de Nápoles, fue cruzado del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, Maestre de Campo del Emperador Maximiliano I, coronel de la Liga Santa y Caballero de la Espuela Dorada sirviendo a Carlos V.
Sobre Diego García de Paredes y su fuerza descomunal se han escrito todo tipo de relatos. De hecho, Miguel de Cervantes llegó a relatar sus hazañas. Los cantares populares de la época evocaban la figura de Diego García de Paredes mostrando sus poderes cargando enormes piedras de granito, pero su hazaña más destacada tuvo lugar cuando tan solo tenía 9 años.
Un buen día su madre Doña Juana se encontraba rezando en la iglesia de Santa María la Mayor. Al salir del templo se dio cuenta de que no había mojado sus dedos en agua bendita y marchaba sin santiguarse. Diego García de Paredes, al ver el apuro de su madre, entró corriendo en la iglesia y arrancó de cuajo la enrome pila de granito dejándola al lado de la puerta para que Doña Juana pudiera santiguarse sin perder tiempo. A día de hoy, en la puerta del templo se encuentra una enorme pieza de la que no se sabe su procedencia exacta dando fundamento a esta leyenda.
Otro relato popular expone que Diego García de Paredes mantuvo una relación con una noble de alta alcurnia. La familia de la joven rechazaba ese noviazgo y una noche el sansón extremeño trepó por los muros de la casa de la muchacha hasta su ventana, arrancó los barrotes de la misma y entró en su alcoba.
La joven asustada le indicó a Diego que todo el mundo sabría que habría estado allí, ya que nadie tenía tanta fuerza y habilidad como para romper esos barrotes. Ante esta situación, Diego decidió romper los barrotes de las ventanas más altas de todos los palacios de Trujillo. De esa forma nadie podría acusarle.
Durante la época también trascendió la leyenda del otro sansón trujillano llamado Luis de Alvarado. Aparentemente se trataba de un antihéroe que no poseía las características físicas propias del canon de belleza que describe al tradicional adonis. Pero también tenía una fuerza descomunal. Hay manuscritos que indican que fue capaz de mover uno de sus brazos con tanta fuerza que pudo lanzar una piedra que atravesó unos tablones de roble que un labrador había colocado en las puertas de su bodega.
También se dice que con una sola mano era capaz de derrotar a los caballeros más diestros y fuertes y que incluso salía vendedor de los combates en los que se enfrentaba a varios hombres. Además, podía enfrentarse cuerpo a cuerpo a animales como los toros y tenía una agilidad y una velocidad que le permitía trepar muros o correr al mismo ritmo que las liebres cuando iba a cazar a los montes.
De Luis de Alvarado se dice que fue un personaje destacado en Trujillo durante el siglo XVI. Murió viendo como su cuerpo y sus fuerzas se deterioraban poco a poco. A diferencia de Diego García de Paredes, Luis de Alvarado no destacó en las grandes contiendas ni fue un miembro relevante del ejército. Tan solo participó en pequeñas escaramuzas contra los portugueses y la mayoría de sus méritos se reducen al ámbito local.




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