VIUDA DE LA CALLE GARCIAZ ( MARÍA BARCA)
- 8 ene
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RELATOS POPULARES DE EXTREMADURA
La transmisión de esta leyenda comienza en el siglo XVI y tiene como escenario el arrabal de San Martín, un punto donde actualmente se sitúa la Plaza Mayor de Trujillo. En esta ubicación se celebraba el mercado franco todos los jueves del año, un privilegio que otorgó el rey Enrique IV de Castilla a la ciudad de Trujillo y que suponía que las mercancías quedaban exentas del pago de portazgos y alcabalas.
En esta época vivía en Trujillo una viuda llamada “Marineda de Moñino”, también conocida en otras versiones como “María Barca”. Esta mujer estuvo desposada con un noble trujillano del que no se sabe su nombre y tenía un hijo conocido como Juanillo.
El joven muchacho y sus amigos eran aficionados a hacer travesuras en el mercado franco de los jueves. Allí campesinos y tratantes procedentes de toda la región exponían sus productos y buscaban ganarse la vida. Juanillo y su pequeña cuadrilla tenían por costumbre robar algunos frutos de los comerciantes, en ocasiones llevaban a cabo estos hurtos por necesidad, pero en otros casos eran movidos por la diversión.
Un mal día robaron unas cerezas a un comerciante verato. Este al ver a Juanillo sustraer su género comenzó a perseguirle lanzándole unas pesas de su báscula romana que alcanzaron su cabeza. Juanillo cayó inmóvil en el suelo tras perder la vida por el fuerte golpe.
La gente de la villa reconoció al hijo de Marineda de Moñino y comenzó a acusar al comerciante de asesinato clamando justicia. El verato huyó por las calles de la villa perseguido por la muchedumbre hasta que en la calle Garciaz vio una puerta abierta y decidió resguardarse allí.
La mujer que habitaba la casa era Marineda de Moñino y decidió acoger y ocultar al comerciante. Poco tiempo después las gentes de Trujillo llegaron a la casa con el cadáver de Juanillo en brazos y la viuda se dio cuenta de que había protegido al asesino de su hijo.
El comerciante mostró su arrepentimiento e insistió en que había sido un accidente. Marineda al ver los lamentos del comerciante decidió perdonarle, aunque le aseguró que no quería volver a verlo en su vida, de lo contrario ella misma acabaría con él. Aquel comerciante nunca volvió a aparecer por Trujillo.
Este relato ha sido extraído del libro “Leyendas Trujillanas”, cuyo autor es José Antonio Redondo Rodríguez, escritor, Doctor en Historia Antigua y ex alcalde de Trujillo.





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