ROSAURA LA BELLA
- 8 ene
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RELATOS POPULARES DE EXTREMADURA
Este relato popular está protagonizado por Rosaura, una joven que pertenecía a una familia de alta alcurnia trujillana. La muchacha era hija de Don Diego de Castro y de Doña Isabel de Mendoza. Su belleza era envidiada por todas las jóvenes de la villa que a sus 15 años veían como Rosaura atravesaba la Puerta de Santiago para dirigirse a las misas de la iglesia de Santa María la Mayor.
Muy cerca del palacio residencial de Rosaura se encontraba la casa de un apuesto joven hijo de un pobre labrador trujillano. Tras intercambiar miradas y breves conversaciones, ambos terminan enamorándose y tienen varios encuentros secretos. Al tratarse de un amor imposible, la joven propone al muchacho huir a un lugar muy lejano con dinero y joyas que pertenecían a su familia. De esta forma podrían empezar una nueva vida sin apuros ni ataduras financieras.
El joven aceptó la proposición Rosaura, y junto a un primo suyo, emprendieron la huida hacia Sierra Morena, una tierra habitada por bandoleros de la época. Durante el transcurso del viaje, el primo del labrador le insistía en ejecutar un plan de robar las joyas a la joven, abandonarla y huir muy lejos para empezar una nueva vida.
Tras cinco largas jornadas de camino, y en mitad de un monte, los dos hombres robaron las joyas a Rosaura y abusaron de ella mientras clamaba piedad. Después de cometer este horrible crimen, dejaron a la joven atada a un roble con la intención de que el primo del galán del que se enamoró Rosaura le propinara un golpe mortal. Pero antes de que esto sucediera, el galán se arrepintió y convenció a su pariente de que la dejarían con vida.
Horas después un cazador escuchó los agonizantes quejidos de la joven que fue a liberarla rápidamente para curar sus heridas y salvar su vida. Rosaura y el cazador se dirigieron a Córdoba y en esa ciudad andaluza la joven reconoce a Don Francisco de los Ríos, que fue el sacerdote que la bautizó. Después de este encuentro, el sacerdote y la muchacha regresaron a Trujillo para relatarle al padre de esta todo lo sucedido. Don Diego de Castro denunció los hechos ante el corregidor que ordenó buscar y apresar a los criminales que son condenados a muerte.
Esta leyenda forma parte del libro “Leyendas Extremeñas”, publicado en 1999, cuyo autor es el escritor y académico José Sendín Blázquez.





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