Fiesta de La Maya en Madrid
- 20 abr 2024
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Actualizado: 23 jul 2025

En algunos pueblos de la Comunidad de Madrid, cada mes de mayo florece una figura que no canta ni se mueve, pero su sola presencia llena la plaza de símbolos.
Es La Maya, una niña coronada de flores, vestida con esmero y colocada sobre un altar como si fuera la encarnación de la primavera misma.
La Maya no habla, no baila, no corre. Es el centro inmóvil de una ceremonia ancestral. A su alrededor, las otras niñas del pueblo —las “mayordomas”— la acompañan, cuidan los detalles del ritual y recogen donativos de quienes se acercan. La escena parece suspendida en el tiempo.
🌱 Un ritual de renovación, un gesto femenino de la tierra
La Maya es una celebración profundamente simbólica y femenina, que ha perdurado en localidades como Colmenar Viejo, El Molar y El Berrueco. Sus raíces son tan antiguas como el propio calendario agrícola. Proviene de ritos paganos de fertilidad, asociados a los ciclos de la naturaleza y a la renovación del mundo.
En muchas culturas europeas —celtas, romanas, medievales— se coronaba a una figura femenina para honrar el renacer de la tierra tras el invierno. En la tradición madrileña, esa figura es una niña: La Maya representa lo que florece, lo fértil, lo que aún espera. Su inmovilidad es símbolo de pureza, de solemnidad y de presencia.
🎀 Flores, alfombras y comunidad
En Colmenar Viejo, esta fiesta está especialmente viva. Las niñas son vestidas con trajes regionales, se colocan alfombras, flores, jarrones y mantones, y la comunidad participa en la preparación con delicadeza. Está declarada Fiesta de Interés Turístico de la Comunidad de Madrid.
En El Molar y El Berrueco, la celebración conserva variantes locales, pero mantiene su esencia: la niñez como símbolo del ciclo natural, el silencio como lenguaje, y la flor como forma de pertenencia.
🌼 Una tradición que florece en voz baja
La Maya no se celebra con estruendo, sino con atención. Es un gesto ritual que une infancia, primavera y memoria colectiva. Una escena que no necesita explicación para conmover. En tiempos de velocidad, su quietud nos recuerda que la naturaleza no corre, pero siempre vuelve.




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